lunes, 4 de agosto de 2008

Mitología Mapuche


"EL Gran Poder: Füta Chaw, envió a una estrella- hija suya- con figura de varón para poblar el desierto de la Tierra. El hombre cae de cabeza al árido suelo volcánico y queda inconsciente.

Ante esta contingencia que le impedía cumplir su misión, el Gran Poder, decide enviar otra estrella- ahora con forma de mujer- para que lo despierte.

Pero este ser estelar viene mejor dotado que el anterior, como cae de pie, muy bien asentada en lo concreto y en lo real, pero lejos de su compañero celeste y ahora terrestre, las plantas de sus pies disponen de una particularidad: tienen el poder de hacer brotar una mullida alfombra vegetal, y de hacer nacer de ella diversas plantas, flores y árboles de variadas especies. Y de las palmas de sus manos se desprendía el poder de dar vida a los animales de la Tierra: en su camino hacia el varón para sacarlo de su sueño o embotamiento, podía recoger las mismas flores nacidas de sus pies, deshojar sus pétalos que, lanzados al aire, se convertían en las distintas variedades de aves. Una vez al lado del varón, va despertando cada uno de sus miembros. Entonces, de ellos, de los brazos, del tórax, de las piernas del primer hombre que son despertadas por la mujer, surgen las grandes montañas, abismos y ríos de la tierra. Sin embargo la mujer se ve impedida sola frente a uno de los órganos del varón: Ella puede despertar todo el cuerpo, la mente y los afectos del hombre, pero no puede hacer despertar su espíritu Pellü, que está profundamente arraigado en el órgano del corazón, el Piwke. La Gran Voluntad de Füta Chaw había querido que el despertar del espíritu fuera del varón fuera tarea del hombre solo: en el deber de recuperar el ser de la conciencia, la ayuda femenina hacia no bastaba. Pero sin ella, tampoco el hombre llegaría nunca a esa decisión crucial: autodespertar la chispa divina de su espíritu.

La gran enseñanza de este mito consiste en mostrar la íntima conexión y casi identidad entre mujer y naturaleza: Ella es quien despierta las virtudes y las potencias que duermen como posibilidades al interior de la creación. Lo femenino seduce y alumbra, estimula y pare, se adorna para despertar el germen dormido y lo devuelve nacido acrecentado y completo, desde su propio útero. Despertando y pariendo las fuerzas de la vida la mujer es la personificación de la naturaleza"

Ziley Mora

Magia y secretos de la Mujer Mapuche

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